Description
¿Qué papel juega el entrenador en el fútbol base? ¿Cómo podemos actuar para que nuestros jugadores obtengan mayores mejoras? ¿Qué tareas debemos realizar? Estas y otras muchas preguntas semejantes nos solemos plantear los entrenadores a la hora diseñar nuestras tareas. Para ello, la mayoría de las soluciones nos las proporciona la Neurociencia, esa rama del conocimiento cuyo objetivo es desentrañar el funcionamiento del cerebro, en este caso referido al aprendizaje y al deporte.
Según la teoría de los sistemas complejos, el entrenador es un facilitador del aprendizaje. Sin embargo, son los jugadores los encargados de reconstruir con sus propias experiencias anteriores, sus aprendizajes posteriores. Esto quiere decir que los jugadores van construyendo sus conocimientos experiencia tras experiencia.
El papel del entrenador, de este modo, será el de favorecer con sus pautas, situaciones que ayuden a entender el juego, de forma que los jugadores vean significado a los ejercicios del entrenamiento y puedan aplicarlo en el partido.
Hasta aquí, es fácil de comprender, pero… ¿Cómo hacemos que esos contextos o situaciones sean eficaces para el aprendizaje? La respuesta es bastante rotunda, según la neurociencia, aproximar las características del contexto a la práctica real es clave. En otras palabras, hay que ofrecer entrenamientos con tareas que respeten la lógica interna del juego (figura 1): colaboración, oposición, porterías, porteros, un móvil (balón), orientación, fuera de juego, espacio…

Figura 1. Esquema sobre cómo entrenar en fútbol.
En estos contextos, los jugadores deberán ser capaces de aplicar una solución técnica en unas circunstancias específicas que solucionen un problema táctico (de percepción-decisión). La idea, entonces, es crear una memoria motriz a nivel perceptivo-decisional, que hará automática la capacidad de resolver problemas en el juego.
Una vez que tenemos presente la necesidad de crear una memoria motriz, nos preguntaríamos cómo hacerlo. Parece ser, que la emoción juega un papel importante en el aprendizaje. Así la consciencia, la intuición y la emoción están relacionadas. La consciencia pone las metas y la intuición las ejecuta, mientras que la emoción hace que aprendamos mejor las experiencias que han tenido consecuencias positivas. Básicamente, lo que el entrenador necesita es fomentar emociones positivas producidas por tomas de decisión apropiadas en el juego, de modo que el jugador lo almacene en su memoria motriz y en posteriores experiencias pueda anticiparse y reducir la incertidumbre del entorno (Figura 2).

Figura 2. Esquema sobre los componentes de la memoria motriz
Esta explicación es muy densa y teórica, por ello los autores referenciados en la bibliografía proponen 3 etapas en la adquisición de hábitos perceptivo-motores:
1- Cognitiva: En esta primera etapa el objetivo es comprender los principios que nos ayudan a solucionar un problema. Para ello, la atención, instrucciones adecuadas y la observación son necesarias. Así mismo, es importante que los estímulos en forma de feedback y tarea que proponemos se asemejen a los de la lógica interna del juego, dado que, si los estímulos son diferentes, las redes neuronales formadas no se activarán para incorporar ese aprendizaje a la memoria motriz a largo plazo, es decir, no se producirá la transferencia y el objetivo del entrenamiento no se cumplirá, ya que no habrá aprendizaje para el juego.
2- Asociativa: Durante dicha etapa, cada jugador empieza a resolver problemas por sí mismo, una vez que ha conseguido ya un nivel mínimo de conocimiento. En este momento, el jugador prueba y comete muchos errores, que plasman su comprensión inadecuada y deben ser corregidos. Otra vez, la figura del entrenador aparecerá para guiarle, proporcionándole más situaciones para practicar y variabilidad, de modo que el número de errores se reduzca. Como se ha comentado anteriormente, la emoción juega un papel trascendental y reforzar positivamente las conductas de éxito hará que el aprendizaje se grabe con más facilidad en la memoria motriz.
3- Autónoma: En la última etapa, el nivel de desempeño es alto y se reduce el control consciente ya que la respuesta correcta se produce de forma automática. El cerebro selecciona acciones apropiadas a las diferentes situaciones de juego a partir de condiciones específicas del entorno de forma automática, sin tener que aplicar la consciencia, acto que le llevaría más tiempo. En deportes de equipo como el fútbol se deberán de entrenar múltiples situaciones complejas dado que la capacidad de respuesta es muy grande.
En resumen, la figura del entrenador se antoja como un facilitador de contextos específicos cercanos a la lógica interna del juego en forma de tareas y feedback, erigiéndose, así, como guía en el proceso de formación del jugador, cuyo papel es el de protagonista de su propio aprendizaje. En definitiva, si quieres que tus jugadores mejoren en fútbol, deberás proponer tareas que se parezcan al fútbol (colaboración, oposición, espacio, porterías, orientación, balón, fuera de juego…), dar variabilidad a las situaciones propuestas, aceptar el error como parte del proceso y utilizar el refuerzo positivo cuando quieras que las conductas apropiadas se repitan.
Alberto Pérez de Ciriza García
Entrenador en La Liga y Preparador Físico. Ex Mulier (2a División Femenina, España). Profesor en CENAFE PAMPLONA
Conoce mas de él en: @albertopdc1990
Bibliografía:
Alarcón, F., Cárdenas, D., Clemente, V. J., Collado, J. A., Guillén, J. C., Jiménez, M., Lázaro, J., Navarro, D., Mercadé, O. y Rivilla, I., (2018). Neurociencia, Deporte y Educación. Sevilla: Wanceulen Editorial.
